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La
riqueza de lo que somos no se manifiesta sólo por nuestra palabras, sino
también por lo que hacemos y como actuamos. Sin palabras decimos mucho de
nosotros, de nuestra forma de sentir y pensar. Esta riqueza se complementa
con la palabra que nos permite aclarar, profundizar y compartir lo que
vivimos.
Dios
también se nos sigue manifestando en nuestra vida diaria, en nuestra
familia, matrimonio, trabajo, etc.. A veces somos un poco ciegos y no
logramos comprender lo que Él quiere de nosotros.
En
la medida en que vivamos más de cara a Dios, más centrados en Él y en
el prójimo, participando de los sacramentos, la oración y el esfuerzo
por superarnos, nos será más fácil ser fieles a Su Voluntad.
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