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Como en la imagen de un árbol,
que necesita de raíces para nutrirse, nosotros necesitamos de la fe para
ser buenos cristianos. La vida interior nos nutre del
necesario diálogo con Dios. Esto, a través de la presencia real de
Cristo en los
sacramentos y el diálogo íntimo en la oración. Y tal como las raíces
se manifiestan en un tallo que crece y se desarrolla, nuestra vida
interior se comienza a manifestar también con más y mejores obras
concretas en nuestra familia y donde nos toque estar.
Siguiendo el Catecismo de
la Iglesia Católica, revisaremos cuatro puntos. En primer lugar ¿Qué
creemos?. Esto se resume básicamente en el Credo. Luego de recordar,
meditar y profundizar nuestra fe pasamos a la expresión más viva de
nuestra fe, los sacramentos. En los cuales se manifiesta en forma
real la Gracia de Dios y en el caso de la Eucaristía la presencia real
sustancial de Jesucristo. Estos sacramentos si los recibimos con fe y
buena disposición nos iluminan la inteligencia y fortalecen nuestra
voluntad. Por eso el tercer tema a tratar es la vida de la fe. Que
básicamente se resume en Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo
como a uno mismo. Finalmente, como acompañante de todo lo anterior vemos la
oración.
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